Supervivencia ©

Mientras se aplicaba la humedecida borla de algodón con toques ascendentes por las mejillas, los ojos empezaron a escocerse. Hacía tiempo había escuchado que el mejor antídoto para una situación compleja era realizar una tarea fútil. Pero, por lo visto, la meticulosa limpieza de cutis no era lo suficiente fútil. Se dejó la piel resplandeciente pero sus pensamientos eran de todo, menos serenos.

Cogió una de las fotografías del cristal del tocador y meditabunda le dio toques con los dedos… Sus ojos se clavaron en aquél rostro de hombre que en el momento presente representaban un “todo” para ella, y comenzó a meditar, sometiendo a tortura emocional cada gesto de amor inexistente por su parte, tras tanta evaluación acabó confinada en un obnubilado estupor de melancolía.

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